Nuevos retos sociales para la juventud frente a las drogas

El pasado 11 de abril se convocó en Madrid el IV Foro de la Sociedad Ante las Drogas, del que forma parte la Fundación Atenea. El Foro de la Sociedad ante las Drogas se formó en febrero de 2005 con el impulso de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional de Drogas con el objetivo de mostrar públicamente la preocupación de la administración y de las entidades sociales ante los problemas que produce el consumo de drogas, y la necesidad de trasladar a la sociedad mensajes que alerten sobre dichos problemas, promover en el seno de los medios de comunicación y de producción cultural debates y reflexiones que aporten a la sociedad propuestas e iniciativas dirigidas a prevenir el inicio del consumo de drogas y los daños asociados a dichos consumos, especialmente entre los más jóvenes, impulsar movilizaciones sociales sobre los efectos negativos de las drogas, potenciar estrategias basadas en la promoción de la salud, la adquisición de hábitos de vida saludables y un espíritu crítico hacia el consumo, como estrategias para la prevención y difundir las investigaciones científicas más avanzadas sobre las circunstancias que favorecen los consumos de drogas, sus efectos sobre la salud y los riesgos añadidos.

Como modo de funcionamiento, se adoptó la elección de un tema monográfico sobre el que reflexionar en cada convocatoria del foro. En febrero de 2009, en la III reunión plenaria del Foro, se acordó que el tema que se abordaría para la IV convocatoria sería el “Ocio de los jóvenes”, y se establecieron tres grupos de trabajo: Ocio saludable, Ocio Nocturno  y Ocio y Nuevas Tecnologías .

Las conclusiones de dichos grupos de trabajo, que aquí extractamos, se presentaron el pasado día 11. Por lo que se refiere a ocio saludable, las actividades de ocio saludable deben ser inclusivas, tener en cuenta la perspectiva de género y la especificidad en función de la diversidad cultural y los grupos de especial riesgo y contemplar el desarrollo de factores de protección.

Los programas de ocio saludable deben ser concebidos como un proceso de educación continua que establezca una continuidad en la oferta de actividades a lo largo de todo el proceso de desarrollo, de la infancia a la vida adulta y constituirse como programas de carácter comunitario con la implicación de todos los colectivos, así como agentes socioculturales públicos y privados. Todos los agentes educativos y sociales -jóvenes, familia, escuela, instituciones y organizaciones- deben estar implicados.

Las actividades específicas dirigidas al fomento del ocio saludable deben estar integradas dentro de actuaciones preventivas de carácter más amplio. Es prioritario también promocionar acciones y políticas que apoyen a la familia para que replantee su influencia en el ocio y el tiempo libre de los jóvenes a través de un papel educativo, incidiendo en el proceso de maduración del joven, poniendo los límites necesarios, estimulando la búsqueda de identidad, cultivando la autoestima, creando un clima de confianza y comunicación y aportando ejemplos y modelos sinceros de comportamientos frente a las sustancias, así como ayudar a encontrar nuevas formas de ocio familiar, insistiendo en la necesidad de que el ocio se viva y experimente como una parte importante del ámbito privado de la familia.

Por último, hay que aprovechar los espacios recreativos para dotar de habilidades sociales y de comunicación que refuercen el auto-concepto positivo, la autoestima, la cooperación, solución de problemas, la baja percepción del riesgo y fortalezca la resistencia a la presión grupal. El ocio es una plataforma idónea en educación para la salud, al constituir un espacio habitual de desarrollo personal y social de los/as jóvenes, por favorecer la creatividad y las actividades lúdicas y por llevarse a cabo en relación con los iguales/pares.

En cuanto al ocio nocturno, los datos de la frecuencia y el tipo de comportamientos de riesgo en el último año entre los jóvenes de 15 a 24 años de Madrid. Un 69,1% se ha emborrachado. Un 45,4% ha viajado con un conductor que había bebido o consumido drogas. Un 31,1% se había visto envuelto en peleas. Un 25,9% había mantenido relaciones sexuales (con alguien que no era su pareja) sin protección. Un 13% había conducido bebido. Un 11,8% había provocado peleas. Un 6,8% había conducido después de consumir drogas. Cifras y comportamientos que obligan a una reflexión sobre el qué hacer y que interpela al mundo adulto familiar, institucional o ciudadano a ubicar su propia responsabilidad.

Queda fuera de toda duda que el tiempo de ocio para los jóvenes es un espacio para la experimentación, como fractura en la rutina cotidiana, como instrumento esencial en la búsqueda de una identidad personal y grupal. En definitiva, en nuestra sociedad, desde la búsqueda de nuevas sensaciones y la necesidad de experimentación, el riesgo constituye parte inherente al tránsito desde la infancia hacia la vida adulta.

Con el objetivo de reducir los riesgos individuales y los asociados a la salud pública, la distribución de una serie de normas sencillas y básicas de seguridad en los ambientes de discoteca y baile se considera la vía más eficaz y directa para prevenir los posibles daños causados por el consumo de drogas. En el Reino Unido, estas normas se encuentran disponibles en Internet como una guía oficial para “bailar de forma segura”. El objetivo de esta iniciativa es minimizar los problemas de salud más frecuentes mediante la oferta de agua mineral y zonas de descanso y relajación.

En aras a una dispensación más responsable, se desearía la formación del personal de hostelería para prevenir los efectos negativos del consumo de alcohol de sus clientes. La dispensación responsable tiene que ver con la política del local, la actitud de las personas trabajadoras y de las encargadas en proporcionar un ambiente seguro y saludable y está encaminada a evitar que se produzcan problemas derivados el consumo de alcohol. (Conducción, violencia, etc.)

Algunas estrategias para prevenir problemas derivados del consumo de alcohol entre los clientes pueden ser: adoptar unas normas claras a la hora de servir bebidas alcohólicas, aplicar protocolos de seguridad para actuar en casos de violencia, aplicar protocolos de primeros auxilios para casos de accidentes o coma etílico y establecer límites en la dispensación de bebidas alcohólicas específicos para aquellas personas que van a conducir.

Finalmente, en cuanto al ocio y a las nuevas tecnologías, según diversos estudios, el 96,7% de los adolescentes dispone de ordenador, y el 36,4% lo tienen en su habitación; antes de los 10 años, el 59% tiene o utiliza teléfono móvil; las chicas optan más por los móviles, mientras los chicos lo hacen por los videojuegos y son una generación multitarea (algo relevante desde el punto de vista educativo y, por lo tanto, preventivo). El 71% de los niños y el 88% de los adolescentes son usuarios de internet. Generalmente navegan desde casa (87% de los niños y 89% de los adolescentes). El tiempo de navegación de lunes a viernes es de entre 1 y 2 horas, superando el fin de semana las 2 horas. El 52% reconoce que su dedicación a internet le quita tiempo a sus actividades educativas. El 61% de los niños y el 85,5% de los adolescentes, navegan solos. El 70% se definen como autodidactas.

En cuanto a las redes sociales, el uso que hacen de Internet se centra, por orden de importancia, en comunicarse (Messenger, sms, etc.), conocer (descarga de contenidos), compartir (fotos, vídeos, redes, etc.), divertirse (juegos en red, etc.) y consumir (compras on line). El 71% prefiere las redes sociales para compartir. A partir de los 14 años, el 80% participa en al menos una red, porcentaje que asciende a los 17 años al 85%. Las redes más utilizadas son: Tuenti (60%, con el pico principal de uso a los 15 entre las chicas y a los 17 entre los chicos, decreciendo el interés a partir de los 18 años), Facebook (21%), Windows Live Spaces (14%), MySpace y Hi5 (ambas 12%). Los contenidos más visitados en internet son juegos, música y deportes. El 33% reconoce la ausencia de mediación familiar en su navegación por Internet.

Si en tiempos pasados el ocio necesitaba en la mayoría de las ocasiones de un emplazamiento común donde llevar a cabo las actividades, la aparición de Internet ha acabado con dos limitaciones: la temporal y la geográfica. El ocio está pasando a articularse en la Red para finalmente desembocar en encuentros presenciales. El que no asuma estos cambios y opte por el inmovilismo en la Red, verá su desvanecimiento al no contar con una reputación digital. Pero el que piense exclusivamente en Internet como generador de relaciones sociales sin tener en cuenta el componente presencial, también se estará equivocando.

Entre las recomendaciones, crear un sistema de validación de páginas web similar a www.confianzaonline.es para otorgar validez y credibilidad al contenido ofrecido por una web; promover el “Decálogo del buen uso de Internet” entre niños y adolescentes de 10-14 años; realizar campañas de promoción de estilos de vida saludables en las redes sociales más importantes: Facebook, Tuenti y Youtube; incluir las redes sociales como un canal de vital importancia en el que mostrar los anuncios y spots de prevención general del consumo de drogas; fomentar la creación de redes sociales vinculadas al fenómeno del consumo de drogas, coordinadas por entidades reconocidas y con actividades relacionadas con la información/prevención del uso de drogas; fomentar la presencia de mensajes educativo-preventivos en los juegos más utilizados o desarrollar juegos que se instalen como aplicaciones para que el usuario pueda entretenerse a la vez que aprende conocimientos básicos sobre los efectos de las drogas y cómo afectan al rendimiento escolar, la conducción, la conducta sexual, etc.

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