1 de Mayo, día internacional del trabajo. Otra vez, más mujeres desempleadas. El Resultado de unas políticas que no incorpora la mirada de género

Según la última Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2016 la tasa de desempleo en mujeres (2.413.500) 22.78% ha superado de nuevo a la de los hombres (2.378.000) 19.45%. Una situación que se inició a finales de 2015 y que no se producía desde mediados de 2008.

 

Mayo, 2016.- Con 4.791.400 millones de desempleados/as y una tasa de paro del 21%, nada puede ser como era antes de que estallara la crisis, cuando había dos millones de parados/as y un 8% de desempleo. La última Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2016 revela que hay, otra vez, más mujeres desempleadas (2.413.500) 22.78%  que hombres (2.378.000) 19.45%. Una situación que se inició a finales de 2015 y que no se producía desde mediados de 2008.

La construcción, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, fue el sector que recibió el peor impacto de la gran ola de destrucción de empleo entre 2008 y 2013. Eso determinó que la pérdida de trabajo fuera mayoritariamente masculina en el inicio de la crisis (solo el 7% de los empleos en el sector lo desempeñaban mujeres), y también, que se concentrara en buena medida en el trabajo temporal. De modo que cuando el desempleo registró su cifra más elevada (6,3 millones de personas a principios de 2013), ya había claramente más hombres parados (3,4 millones) que mujeres (2,9 millones), algo nada habitual en el mercado laboral español.

Sin embargo, a pesar de que esta circunstancia de menor tasa de desempleo femenino se ha repetido durante los últimos años hasta finales de 2015, según datos del informe UGT del 8 de marzo de 2016, Las mujeres asalariadas han accedido al mercado laboral en peores condiciones que los hombres. El empleo temporal y la contratación a tiempo parcial ha sido y es  mayoritaria para las mujeres. La precariedad del empleo femenino se pone de manifiesto en la forma en que acceden las mujeres al mercado laboral: a las mujeres se las contrata menos por tiempo indefinido y más de forma temporal, que a los hombres. También se las contrata mucho más a tiempo parcial que a los hombres y menos a tiempo completo. Las mujeres suponen el 74,19% del total de personas asalariadas que trabajan a tiempo parcial frente 25,81% de los hombres, por lo que el contrato a tiempo parcial en nuestro país sigue teniendo rostro de mujer. Además la mujer se sitúa en sectores de empleo más precarizados y peor remunerados, como ocurre con el sector servicios, existe por tanto una destacada segregación laboral.

No podemos por lo tanto obviar que las particulares condiciones laborales a las que está sujeto el empleo femenino (jornada a tiempo parcial con contrato temporal, tiempo de excedencias, reducciones de jornada por asumir individualmente las responsabilidades familiares, etc.) incide tanto en su posición actual ante el empleo- la etiqueta de menos  disponibles que se presupone a las mujeres hace que tengan menos posibilidades de que se las contrate, la llamada discriminación  estadística- como a las futuras situaciones de vulnerabilidad social las que deberán hacer frente las mujeres -pensiones más bajas por tener menores bases de cotización, mayor número de pensiones no contributivas por no tener suficientes años de cotización, etc…-

Las políticas de “género” en muchas ocasiones están al margen de la corriente principal de las políticas públicas. Que no existan permisos de paternidad individualizados y de la misma duración que los permisos de maternidad acentúan la discriminación estadística y perpetúan roles  desiguales dentro de las familias; las excedencias por cuidado de hijos/as y personas dependientes -que en la práctica solicitan y disfrutan las mujeres- expulsan a las mujeres de un mercado laboral cada vez más inestable y competitivo. Son en muchos casos, un camino sin retorno…no hay manera de reincorporarse al mercado laboral.

Con ocasión del día 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, la Fundación Atenea, experta en orientación e integración laboral de personas con dificultades para el acceso al empleo y que considera el empleo como una herramienta fundamental para la inclusión social llama la atención sobre la necesidad de abordar de forma estructural una reforma del mercado de trabajo, priorizando los derechos de los/as trabajadores, que  integre en el diagnóstico la perspectiva de género y por tanto la desigual posición social de las mujeres y que atienda de manera específica las necesidades de las mujeres con mayores dificultades de acceso al empleo.

 

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