QUE 30 AÑOS NO SON NADA….¿O SÍ? Jornada Interna Fundación Atenea

Tres décadas atrás se acababa de entrar en la UE – perdón, en la Comunidad Europea, el  viejo Mercado Común- y un clima de euforia sobre el futuro se servía como tónica predominante, en las mesas y en los lenguajes, no solo de España sino de Europa. Parecía que el progreso indefinido estaba al alcance de la mano, que las crisis se podrían controlar mejor que el 29 o el 73: los datos eran alentadores en todos los sentidos. Y, lo más importante: aparecía una generación que creía firmemente en que “no había vueltas atrás” y que tanto la tecnología como la capacidad para establecer acuerdos evitaría volver a hundirse en simas profundas. La caída del muro, unos meses más tarde, apuntaló ese maravilloso espejismo. Un aroma de positivismo todavía más pronunciado en España, donde se proyectaban imágenes tentadoras sobre el futuro con magnitudes nunca vistas; mucho más con el acicate de los fastos del 92, todavía en tiempos de “estado de gracia”.

La otra cara la daban los datos del CIS donde el “terrorismo”, la “droga” y el “paro” bailaban de manera constante en los tres primeros puestos del “hit” de las preocupaciones ciudadanas, sin referencias a la corrupción o a la “clase política” ubicadas hoy entre los asuntos que producen dolor de cabeza. ETA dejó de matar, las amenazas no son las mismas, pero las incertidumbres son crecientes…Había además en ese momento una constancia absoluta de la fe en una generación nueva de españoles a quienes el franquismo les pilló de refilón, que no necesitaban ni hacerse perdonar ni pedir perdón, sin complejo exterior  -salvo en el eterno problema del escaso dominio de otros idiomas- y “sin vergüenza” alguna para mostrarse sin las hipotecas morales y personales de sus antecesores.

En ese escenario nace el Grupo GID al final de los 80. Primero como espacio de debate y reflexión, más tarde como tímido esbozo de herramienta en la intervención. Su marco de actuación era muy distinto al de hoy, porque esa sociedad tenía poco que ver con la del presente. El GID a lo largo de treinta años no rectilíneos pero constantes, ha mudado como una crisálida o un ente, hasta la Fundación que es en estos tiempos. En ese cambio y transformación, con apertura a nuevos contenidos, programas, respuestas, actuaciones, está la clave de supervivencia, sin ser arrastrada al sumidero como ha ocurrido con tantas organizaciones que no evolucionaron desde el terreno de las adicciones, ni entendieron que “las drogas” -y no “la droga”- es una parte de un problema, no “el único problema”; una porción de un todo como la realidad social en su más amplio marco.

Del otoño de 1986 al de 2016 el mundo ha cambiado tanto como nosotros, de manera personal y colectiva, y no siempre a mejor. Muchas ilusiones se han quedado por el camino atrapadas en el bucle de una crisis, que es mucho más que económica, de sociedad y de modelos de representación, que ha puesto patas arriba todos y cada uno de los parámetros en los que se medía el mundo occidental desde 1945, un melón abierto en el que un agujero alcanza las dimensiones de un volcán que sigue arrojando lava…

El 27-O-16 Atenea hizo su propia conmemoración con mimbres muy diferentes a los de anteriores efemérides. No fue un acto institucional, ni un conjunto de ponencias, ni hubo presentación de comunicaciones o de textos. Nada de “miradas en el ombligo” ni gestos de “orgullo de haberse conocido”, ni expresiones de autocomplacencia. Y, sin embargo, ese día conmemorativo, que tuvo mucho de abstracto, trató de contentar a distintas identidades: fue un esbozo de evaluación y de reflexión, sin nada que ver con una convención de empresa ni de evento de exaltación. Pero a la vez un espacio para el reencuentro entre quienes no siempre tienen la ocasión de conocerse por la (afortunada) dispersión territorial de la Fundación , una mirada a un pasado y una forma de asomarse al balcón de incertidumbres en el que camina a trompicones el futuro, donde se trazó un balance de logros pero no se ahorraron palabras para describir los “fantasmas” del camino, no solo en la vía de la entidad, sino del país y del mundo. Todo es más incierto que en el 86. ¿O es que entonces se era más ingenuo, más joven, más ignorante, más incauto, más idealista, más creyente en toda clase de bondades y de mensajes?

La “ocasión la pintan calva” -oportuno decirlo, cuando se ha perdido “caspa” pero también “pelo” en estas décadas- y el encuentro tuvo una positiva vocación lúdica y participativa, tratando de conciliar elementos que no han de ser considerado antagónicos, como la reflexión en profundidad, el análisis y los espacios de socialización compartida. El resultado fue más propicio que en ninguna de las anteriores efemérides de la entidad. Empezando por que las condiciones de habitabilidad eran mejores que en otras ocasiones: no se trata de revindicar un “lujo” insultante en una situación como la que todavía se arrastra desde el punto de vista social, sino de generar espacios óptimos para facilitar el encuentro, el debate y la reflexión, sin negar las oportunidades para el ocio. Dentro de un principio de austeridad y de uso racional de los recursos por la Fundación, habitual en su estilo. No solo porque, a diferencia de lo ocurría décadas atrás, ya no somos un grupo de estudiantes, en los inicios de los aprendizajes profesionales, llenos de ilusión y de una cierta audacia con el sentido de adentrarse por lo desconocido iluminados de “lámparas” que entonces parecían seguras e imposibles de apagarse, sino una entidad en fase de evolución transformadora , abierta a la reflexión pero sobre todo al cambio, sin cortapisas ni trabas, pero sin saltos al vacío. Atenea tiene muchos retos como los de supervivencia en un incierto “mercado” con políticas sociales, y no solo de España, cargadas de nubarrones, cuando lo que está en juego no es la mejora en la calidad de los servicios del Estado de Bienestar sino la supervivencia del concepto. Además el proceso de implantación en nuevos territorios y en la intervención y gestión de otros programas, y en el proceso de internacionalización abierto -a pesar de los intensos nubarrones, tanto en América como en Europa-.

En la calle de Goya -¿por qué renunciar a ese sitio, tan “nuestro” como Carabanchel, Ocaña o Polígono Sur?- se expusieron las claves y los retos “sin paños calientes”, sin pesimismo, pero sin euforia gratuita, tanto por parte de Domingo Comas (Presidencia) como de Paz Casillas (Gerente), de los directores y directoras territoriales, del patronato… Mirando atrás…sin ira pero con un sentido autocrítico, conscientes de que el futuro no se lo regalarán a nadie y habrá que luchar muy fuerte, gritar alto, y votar todo lo que haga falta, para cumplir nuestro eslogan que no es una frase hueca o una intención meramente declarativa, como la mejora en la calidad de vida de las personas. El “festolín” del 2-0 ha sido un ejercicio de auto reflexión oportuno, que, si la bolsa lo permite, habría que repetir cuando sea posible: para generar lazos de identificación y escenificar una intención colaborativa y abierta presente desde sus comienzos en la entidad, donde la comunicación tanto en horizontal como en vertical debe ser uno de sus emblemas.

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