Beatriz Ranea Triviño: “Las nuevas masculinidades serán feministas o no serán”

Investigadora de la Universidad Complutense, experta en prostitución y masculinidades, la activista y feminista fue una de las ponentes en el Congreso organizado por Atenea sobre Género e Inclusión social.

Arrancabas tu ponencia con una pregunta. Cuestionabas al público sobre a qué tipo de sociedad queremos ir, un modelo injusto y en el que impera la lógica neoliberal, decías. ¿Cómo salir de ese marco?

Salir de las lógicas neoliberales parece complicado porque en la actualidad el modelo neoliberal ha colonizado el imaginario, el lenguaje, y también la forma de entender las relaciones sociales y de vivir.

Creo que debemos seguir pensando en macro y actuar en micro, aunque el aumento de la desigualdad, de las exclusiones, de la fragmentación social aparece ante nosotras como un panorama desalentador… Parece que este es el único modelo posible, pero no es así, y no sólo por la injusticia social inherente a este modelo patriarcal, capitalista, neoliberal, sino yendo más allá, por los propios límites físicos de la tierra. Esta idea del crecimiento ilimitado a costa del bienestar de las personas y del medioambiente no puede seguir sosteniéndose. Hay que tratar de salir de ese marco apostando por el pensamiento crítico frente a las ideas totalizadoras, mercantilistas, economicistas… Más allá del mercado estamos las personas, y se ha de resituar el bienestar de las personas en la agenda política y en el centro la acción social.

Hablabas también de unos modelos excluyentes por sus valores, como el de la competitividad. ¿Cómo darle la vuelta y pensar en otros valores? ¿Cuáles?

Frente a la competitividad, que es un valor que genera exclusión por sí mismo, habría que promover y retomar valores como la cooperación, la solidaridad, la empatía y el respeto mutuo. En la actualidad, hay proyectos tanto educativos como económicos que se rigen por el valor de la cooperación como las cooperativas de trabajadoras, o los centros educativos que promueven el aprendizaje cooperativo. Hay que aprender de las experiencias que ya están siendo puestas en prácticas para replicarlas y aprender de los posibles errores.

Otro de los grandes valores neoliberales es el individualismo extremo, que ha calado de tal manera que a nivel social se llega incluso a culpar o responsabilizar a las personas en riesgo de exclusión social de la situación que están viviendo. Porque el individualismo neoliberal escapa de las explicaciones estructurales sobre la desigualdad social y la falta de oportunidades, y hace recaer sobre las personas la responsabilidad de una situación que se ha producido por las desigualdades estructurales que el propio sistema genera y necesita para seguir manteniéndose. En este punto es muy significativo, el aumento exponencial del mercado de la “autoayuda” como muestra del grado de individualización de los problemas sociales… Frente al individualismo es fundamental volver a visibilizar el poder que supone el colectivo.

 

La prostitución es funcional para el (des)orden patriarcal, así como para el mantenimiento de las relaciones que siguen las lógicas neocolonialistas y clasistas”, denuncias. Explícanos. 

La prostitución es una de las instituciones sociales más funcionales a ese (des)orden patriarcal pues a través de su consumo se sigue reproduciendo un modelo de masculinidad (prostituyente) que se rige por patrones patriarcales, que no reconoce a la mujer como un sujeto con entidad propia y que niega la autonomía sexual de las mujeres. Los hombres que acuden a la prostitución buscan una relación en la que seleccionan a la mujer, seleccionan el tipo de práctica, pagan y ya está. No es una relación mutua en la que se tengan que preocupar de reconocerse frente a una mujer con deseo y derecho al placer también. Por eso, creo que buscan en la prostitución la representación que realizan las mujeres en prostitución de un modelo de feminidad complaciente, que busca satisfacer al hombre, que incluso disfruta de ser objeto de la mirada y del deseo masculino… Todo ello es representado en el escenario de la prostitución. La prostitución aparece como una especie de “oasis” para la masculinidad hegemónica o tradicional, porque esta masculinidad puede ser representada sin crítica dentro del prostíbulo.

En cuanto a las lógicas neocolonialistas, a través de la prostitución se produce un neocolonialismo sexual porque son las mujeres de origen migrante quienes mayoritariamente se prostituyen o son prostituidas en el Estado español y el resto de Europa. En base a la procedencia se producen jerarquías y se da un racismo sexualizado que es innegable por la forma en la que la demanda de prostitución estereotipa a las mujeres siguiendo construcciones culturales etnocéntricas…

Y me refiero al clasismo porque las mujeres vinculadas a la prostitución pertenecen a las clases populares, de tal forma que la propia institución de la prostitución perpetúa esa idea en la socialización de las niñas y las mujeres precarias de que si todo va mal siempre “te puedes meter a puta”, en lugar de mirar a las causas estructurales que hace que sean las mujeres de los contextos más empobrecidos quienes acaben en prostitución. Cuando una sociedad normaliza la prostitución deja de actuar en favor de la igualdad de oportunidades de las mujeres que más lo necesitan: las mujeres migrantes, las mujeres de los barrios de clase trabajadora, las mujeres trans… Hay que insistir en que ninguna mujer nace para ser prostituta; así como ningún hombre nace para ser putero, hay que problematizar la demanda porque por encima de todas las causas macrosociales que vinculan a las mujeres a la prostitución; la principal, sin duda, es la existencia de la demanda.

¿Cómo deben ser las nuevas masculinidades para alejarse de la tradicional?

Las nuevas masculinidades serán feministas o no serán; masculinidades que reflexionen críticamente sobre los privilegios inherentes a la masculinidad y que los rechacen públicamente. Han de provocar un cambio en el modelo de “ser hombre”, como lo hemos ido provocando las mujeres gracias al feminismo. Han de revolucionar la masculinidad trabajando con otros hombres por unas masculinidades igualitarias. Afortunadamente hay grupos de hombres que abogan por otras masculinidades posibles, pero necesitamos que sean más, es urgente que sean más…

¿Y los jóvenes, los hombres de las últimas generaciones, cómo entienden la igualdad?

Diría que, por un lado vemos jóvenes que avanzan hacia prácticas y comportamientos más igualitarios; pero, por otro, nos encontramos con jóvenes que repiten, y me atrevería a decir des una forma más superflua o más trivial, los comportamientos tradicionales masculinos. Como decía Iván Ferreiro en una entrevista hace poco, “vivimos en una sociedad muy machista que se cree que no lo es”. Y ese es el problema de los jóvenes que reproducen roles machistas y no los consideran como tal: no saben reconocer el machismo en sus comportamientos, para ellos es cosa del pasado.

En el caso de la prostitución hay jóvenes que banalizan la prostitución de una forma alarmante, se van de fiesta y acaban en el prostíbulo, o van a Marconi a reírse de las mujeres en prostitución… Para ellos la prostitución parece un chiste. Reproducen roles patriarcales porque buscan en la prostitución un tipo de mujer que cada vez es más complicado encontrar fuera, esa mujer que les complace cuándo y cómo quieran; esa mujer a la que consideran un producto de consumo sobre el que encarnar sus fantasías masculinas… Estos jóvenes tienen una forma de vivir la sexualidad y las relaciones con las mujeres bastante reducida  y utilitarista que se aleja del reconocimiento de las mujeres como personas. Desconocemos con exactitud el volumen de chicos jóvenes que consumen prostitución, pero todo parece indicar que va en aumento.

En definitiva, para acabar con un mensaje propositivo, luchamos contra gigantes pero si algo hemos aprendido a través de las luchas feministas y el resto de movimientos sociales, es que cuando estamos unidas podemos hacer grandes cosas y promover cambios. Por mi parte, en cuanto a la prostitución, no me daré por vencida, insistiré tanto como haga falta en que otras masculinidades (no prostituyentes) son posibles.

 

 

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