“Desde las cárceles hay que empoderar a las mujeres” Entrevista a Concepción Yagüe

“Desde las cárceles hay que empoderar a las mujeres”

Experta en género y sistemas penitenciarios, Concha Yagüe se acaba de incorporar a la Fundación Atenea como patrona para trabajar especialmente en esos dos temas. Uno de sus objetivos: dar visibilidad a las mujeres presas y trabajar en equidad.

Denuncias desde hace décadas la peor situación de las mujeres en prisiones. No hay igualdad en el trato que reciben las mujeres con respecto  a los  hombres, señalas.

Sí, como en el resto de los ámbitos, académico, político, familiar o empresarial, falta mucho para la igualdad. En España, con la incorporación de las leyes específicas relacionadas con este tema, hemos avanzado, pero en un campo tan estructurado y masculinizado como el nuestro arrastramos normas y sistemas de trabajo de hace tres siglos,  dictados por hombres que veían a las mujeres solo desde su perspectiva y en un papel secundario.

Las cárceles están pensadas para hombres, desde su arquitectura, el diseño de la seguridad, que afecta a la restricción de movimientos de las presas o la lejanía a sus hogares, dado que hay menos centros y eso obliga a una mayor lejanía respecto a sus casas. En otras palabras, las mujeres presas sufren precariedad de espacios, lejanía de su entorno familiar y protector, menores posibilidades capacitación y una mayor mezcla de perfiles criminales… La falta de una visión con perspectiva de género está en todo; también en los detalles, como que no exista un espejo de cuerpo entero. Esto último parece anecdótico, pero no pensarlo es no hacerlo en las mujeres, a quienes toda la vida se las ha socializado para ser muy conscientes de su imagen corporal. [De la forma de empatizar de Yagüe habla un gesto: durante las casi dos décadas en las que estuvo como una de las cabezas de Instituciones Penitenciarias tuvo siempre las fotos de sus hijos en su despacho. Era su forma de tener presente las necesidades de las reclusas que también tenían hijos con ellas].

¿No se ve este problema? ¿No avanzamos?

Las mujeres viven y sobrellevan estas condiciones de inequidad y discriminación  sin que se perciba conscientemente, que es lo peor. Las decisiones, las normas y  prestaciones están para atender las necesidades de la población mayoritaria que son los hombres, sin pararse a pensar si son adecuadas para las mujeres. Nadie pretende que las desigualdades que arrastramos desde hace siglos se resuelvan de repente, pero lo cierto es que la crisis económica ha funcionado, de nuevo, como una coartada contra ellas, que han quedado relegadas de una forma patente. Las políticas públicas anteriores que hablaban de planes de igualdad, módulos de respeto, de unidades de madres, programas de intervención, no se han suspendido, pero han dejado de valorarse y se han quedado sin recursos y medios. El foco hoy está más en la seguridad y la contención, que es absolutamente legítimo, pero… deja lejos resolver la inequidad.

¿Se podría hablar de un perfil de las presas españolas?

Aunque no es homogéneo, se puede hablar de tres tipologías por las que entran: delitos contra la salud pública; contra la propiedad y pequeñas estafas y algún caso de homicidio y lesiones, muy lejos cuantitativamente de los cometidos por ellos. Estudiando los perfiles desde un punto de vista más personal, podríamos hablar de extranjeras, muy vulnerables, y metidas en redes de prostitución o drogas; nacionales, casi todas por tráfico de drogas, con un importante número de población gitana. Otro aspecto a señalar es que, según diversos estudios, casi el 80% de ellas ha sufrido violencia intrafamiliar o de pareja.

Por todo esto, resulta fundamental incluir la perspectiva de género en las políticas penitenciarias para entender y repensar estas diferencias;  por qué entran las mujeres en las cárceles y también por qué entran en menor número que los hombres. Hay muchas razones, pero una es el instinto de protección, la familia, la dependencia del marido. Ellas, antes que cometer un delito que pueda implicar cárcel optan antes por otras vías, como la prostitución o la migración.

¿Qué ocurre en temas de salud mental en las prisiones de mujeres?

Más allá del deterioro físico y mental de la dependencia prolongada de drogas, (un tema común para hombres y mujeres), la principal diferencia en ellas es que hay mayor sobremedicación. Podemos hablar de baja autoestima, de dependencia exagerada de la figura del varón, de falta de expectativas personales. Por eso es importante trabajar con ellas de manera personalizada, y específica. La prisión puede ser un momento muy importante para la reflexión y nos permite trabajar en su empoderamiento. FIN