“A las mujeres nos toca ser cigarras” Entrevista a Nuria Varela

Feminista, periodista y experta en género, publica este mes de febrero Cansadas, un libro en el que grita su hartazgo sobre la violencia contra las mujeres, el desdén hacia ellas y la vieja y nueva misoginia.

“Estamos cansadas, sí. De las medias verdades y de las mentiras a medias. De los micromachismos, del velo de la igualdad y de los mitos que rodean el amor. Cansadas de pintar las paredes sin poder tocar los cimientos. Cansadas de la violencia, de todas las violencias, de los embargos, las guerras y las postguerras. De las batallas en el frente y en la retaguardia. De todas las trincheras. Cansadas del desdén, de la vieja y la nueva misoginia, de la cultura de la violación y del mansplaining, de la cultura del simulacro y de la RAE… Suena de lujo, pero no creo la máxima. No te creo cansada montando un volumen como este.

Bueno, quizás el título que he elegido sea una forma correcta para hablar de hartazgo. Porque sí, por una parte hace referencia a un cansancio físico, pero también al aburrimiento de seguir defendiendo una causas por las que no tiramos la toalla y se avanza, pero con matices. Porque no solo estamos indignadas; es más. Estamos cansadas, un aspecto que hasta tendría un coste en nuestra salud, como bien cuentan otras compañeras. Fíjate, cuando Rosa Parker hizo historia y no se levantó del autobús fue criticada por algunos que dijeron que estaba cansada. Ella dijo que sí, claro, que también, pero que sobre todo estaba harta de que la relegaran. Por eso digo que estamos cansadas de la crisis, de lo insostenible de la desigualdad, de los nuevos machismos…

Pero cansadas, no podremos hacer mucho.

No, claro. Hay que pensar en estrategias.

¿Cómo cuáles?

Primero, hay que ponerle nombre a las cosas, que es algo que el feminismo lleva siglos haciendo. Y luego, tenemos que desarticular los mecanismos que llevan al retroceso, a esos neomachismos que son ahora más sutiles que nunca. Porque vemos los datos y alarman: la violencia no disminuye y ni uno solo de los indicadores que hablan de igualdad ha mejorado. Mira el uso de los tiempos, la economía de los cuidados, la precariedad de la situación laboral y económica de las mujeres. Los mecanismos del patriarcado se han rearmado y eso está provocando cambios clarísimos.

¿No se enteran los partidos políticos? Si simplemente mirasen el potencial de votos…

Los partidos políticos lo entienden. Cómo no lo van a entender. Lo triste es que no les da la gana. Los partidos de izquierda no son feministas. Ninguno. El feminismo tendría que ser la norma, y no la excepción. Y debería aplicarse no por conseguir votos, sino porque aporta un pensamiento y una mirada más justa del mundo.

Y aparte, lo que es una anomalía democrática es que haya tan poca formación de género entre quienes dirigen y gobiernan. No se explica que quiénes trabajan en derechos humanos no sepan de género.

Suena duro lo que cuentas. Dices también pertenecer a una generación, la de finales de los 60, desaprovechada. Resulta poco esperanzador.

Ojo, si me atengo a los datos como los de la violencia de género, sí, el panorama es terrorífico. ¡Ya está bien¡. Pero el mensaje que lanzo no es triste o desesperanzado. En el libro también digo que queremos ser cigarras, que queremos cantar, que nos escuchen, que no nos den lecciones. Hormigas, que sean ellos.

¿Tu libro lo leerán los hombres?

No lo sé. Sí que puedo decirte que Feminismo para principiantes lo vieron muchos hombres. Porque uno de los grandes déficits es que ellos siguen sin sentirse aludidos de esa desigualdad que es real. Hace falta formación. Y el libro no solo lo he escrito para que me lean las mujeres. FIN

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