Santiago Cambero Rivero “Debemos ir a un Estado de la innovación social”

Licenciado en Derecho y en Sociología y con una amplia experiencia en el mundo asociativo, como promotor de múltiples iniciativas, Santiago Cambero se acaba de incorporar al Patronato de la Fundación Atenea. Es un experto en la realidad de los jóvenes, especialmente en cuanto a su ocio y estilos de vida, aunque en  los últimos años sus líneas de investigación han sido la gerontología y las relaciones intergeneracionales.

¿Qué quisieras aportar a la organización, dado tu especial conocimiento en materia de jóvenes?

Acepté la invitación del presidente, Domingo Comas, a quien había leído como sociólogo durante décadas y al que admiraba por su compromiso social (antes, desde el GID, y ahora, al frente de la Fundación Atenea). Cuando conversamos la primera vez, me sentí muy orgulloso que hubiera pensado en un extremeño para ser miembro del Patronato. Desde el primer momento le transmití mi interés por saber quienes formaban cada uno de los equipos territoriales para conocer personalmente sus intervenciones y resultados en cada barrio, localidad o comunidad. En cuanto a mi posible aportación a la Fundación Atenea, espero aportar mi experiencia asociativa y profesional en el tejido social del Tercer Sector, aunque mi trayectoria esté relacionada con la participación activa en el asociacionismo juvenil (ASDE-Scouts de Extremadura, Alternativa Joven de Extremadura, Consejo de la Juventud de Extremadura y de España,…). Hoy como adulto, con más conocimiento vital y académico, quisiera contribuir a la mejora de las estructuras y funcionamiento de la organización, además de la ampliación en cuanto a los ámbitos de intervención socio-comunitarios. Creo que hay vías aún por explorar para una mayor consolidación fundacional y posicionamiento de cara a la opinión pública española, que supondrán ciertos avances en las respuestas anticipadas de la Fundación Atenea a tantos problemas sociales futuros.

¿Sería posible hacer una foto de la juventud española? Porque una parte pareció estar más activa, con un 15M, pero otra, como sugieres, más domesticada por el consumismo y la televisión.

Aún recuerdo la capacidad de liderazgo de tantos jóvenes en los años ochenta y noventa, cuando estaba por hacer en este país. Fue el momento de efervescencia de las políticas de juventud, los Consejos de Juventud y otras plataformas de representación juvenil con las que nos comprometíamos desde diferentes perspectivas (educativas, políticas, sindicales, religiosas, estudiantiles, ecologistas,…) con el afán de solucionar problemas como el desempleo, la vivienda, el ocio y el tiempo libre. Después llegaron otras generaciones (las denominadas Y, Z, Millennials…), pero yo, como perteneciente a la Generación X e hijo de Baby Boomers, observé que el rasgo común en que vivíamos era el de una sociedad de consumo, omnipotente y controladora, donde unos pocos tenían mucho; la mitad menos; y una minoría, nada. Y bajo ese esquema, se enquistaban las injusticias sociales en el cuerpo de la sociedad. Por lo tanto, creo que la principal diferencia entre generaciones es el grado de conciencia y responsabilidad social. Considero que la generación actual de jóvenes se caracteriza por una pérdida progresiva de actitudes de liderazgo, idealismo y compromiso por la transformación social. Hay demasiados mecanismos de control para que estén –incluso que estemos los adultos que fuimos “rebeldes con causa”- más atomizados, individualizados y cosificados en la sociedad española y europea. En resumen, la foto es casi sepia, ha perdido color…

¿Cómo está de sana la juventud española en cuanto al bullying, prácticas de riesgo (en consumo de drogas, sexo)…?

Tengo la percepción social de la misma evolución en valores, comportamientos, necesidades, expectativas entre mi pasada generación de jóvenes y la coetánea. Padezco una especie de deja-vú  cuando consulto estudios sobre la juventud actual en España. Parece como si el hecho de ser joven fuera una aspiración eterna que desaparece con el transcurso del tiempo, y que siempre observas desde tu perspectiva añosa de igual modo en quienes son jóvenes en ese momento presente. Quizás la juventud sea una etapa vital, ensoñadora y arriesgada que nos aleja de las dinámicas societarias, pues el propio sistema que conformamos entre todos quiere que no alteremos las estructuras impuestas. Nos hace falta creer que estamos cambiando, cuando en la realidad todo permanece intacto hasta que somos reemplazados por otras generaciones más jóvenes. Es decir, estoy hablando de un invento social para controlarnos en ese periodo de autodesarrollo y formación de la personalidad. ¿Las pruebas? Seguimos con problemas de bullying, conductas adictivas, relaciones sexuales de riesgo…, unos fenómenos que ya existían a finales de los ochenta y noventa y que aún no han sido solucionados. ¿Por qué? Pues porque somos iguales aunque diferentes, como demuestra la historia social contemporánea de la juventud.

Estudias desde la Gerontología social las relaciones intergeneracionales de hoy. ¿Cómo podríamos estimular las sinergias entre las personas jóvenes y las mayores?

Estamos inmersos en un proceso de envejecimiento demográfico iniciado en los años sesenta del siglo XX que nos hace, paulatinamente, ser más longevos, especialmente la población femenina en España. Y mientras eso ocurre, se reduce el tamaño de las generaciones más jóvenes. Por ello, los adultos mayores empiezan a influir e intervenir en los cambios sociales emergentes. De ahí que los poderes públicos, junto a la sociedad civil organizada, deban establecer alianzas estratégicas y construir sociedades para todas las edades y generaciones. Las sociedades intergeneracionales -que no pluri-generacionales- son clave para nuestro devenir social mediante sinergias entre jóvenes y mayores; lo contrario sería un error estratégico. Nos encontramos ante retos demográficos que deberíamos valorar como oportunidades de transformación del sistema educativo, laboral, protección social… Pero la mayoría de nuestros políticos quizás no han entendido la trascendencia de tales cambios socio-demográficos que afectaran a nuestras condiciones materiales de vida en el Estado de bienestar. Las instituciones públicas, en colaboración con empresas privadas y entidades no lucrativas, deben diseñar hoy nuevos ecosistemas donde la ciudadanía sénior será quien viva mañana mayoritariamente a partir del 2050, si las proyecciones demográficas se cumplen en los próximos decenios. Habrá cohortes de niños, adolescentes y jóvenes, pero no tantos como hasta la fecha, pues los adultos jóvenes y mayores deberán atender a muchos octogenarios, nonagenarios y centenarios, la llamada “Cuarta Edad”. Por eso, sugiero progresar desde el Estado de bienestar que ha funcionado hasta ahora universalizando el acceso a los sistemas de protección social, hacia un Estado de la innovación social con un nuevo contrato ciudadano basado en la corresponsabilidad social y la economía del bien común, logrando el mix entre la rentabilidad social y económica en la prestación de servicios públicos. Y todo eso, desde la dignidad humana, la solidaridad intergeneracional, la justicia social, la sostenibilidad ecológica y la democracia abierta a la participación de todos y todas.

¿Falla el Estado cuando las ONGs deben trabajar para la población más vulnerable? En la sociedad contemporánea el hecho de cooperar entre los distintos sectores resulta estratégico para mantener y extender unos estándares de vida para cualquier ciudadano o ciudadana. Es un éxito que existan estos vínculos colaborativos: previene de males institucionales con efectos perjudiciales para quienes más necesitan de protección social, especialmente cuando conocemos casos de gestores públicos corruptos, mal empresariado o solidarios defraudadores. Las entidades del Tercer Sector deben reforzar su autonomía como agentes sociales del cambio, si garantizan sus misiones, visiones y valores al colaborar en la gestión o prestación de servicios públicos. Se generan contrapesos entre instituciones que erradican conductas irregulares. Soy un defensor de unir fuerzas, energías, recursos, ideas y personas que estén comprometidas por mejorar la calidad de vida de los más vulnerables en nuestra sociedad. Lamentablemente, cuando no se producen estos acuerdos entre sectores -como ha ocurrido durante los años de la última crisis económica-, los afectados siempre son los que menos tienen. De ahí la importancia de multiplicar las oportunidades para que cada cual pueda elegir en ese Estado de la innovación social, desde el empoderamiento y la creatividad y fomentar iniciativas que busquen mayor progreso social. Sin duda, la educación es una clave de futuro, el aprendizaje a lo largo de la vida para mejorar la empleabilidad de jóvenes, adultos y mayores, evolucionar hacia una mentalidad afectiva, menos economicista, más equitativa y solidaria.

Te defines en las redes sociales como activista y enredador social. ¿En qué campos? ¿Qué enredas?

Como activista social, los asuntos que me interesan en las redes sociales son la innovación social, la participación ciudadana y el aprendizaje a lo largo de la vida. Como enredador social, desde hace años, cuando creamos una agencia de información y comunicación que dirigía una revista digital para jóvenes desde Extremadura con gran éxito de participación y cocreacion de contenidos de interés juvenil en los años 90 hasta hoy, como usuario con perfiles en Twitter, Facebook, Linkedin, Instagram… En ellos opino con textos e imágenes para generar el intercambio de opiniones que nos permita estar mejor informados y formados en relación a los titulares mediáticos de los medios de comunicación convencionales. Son herramientas útiles que no podemos despreciar en un mundo globalizado para reivindicar causas y reinventarnos como e-ciudadanía en la sociedad de la información y del conocimiento.

¿A qué aspiras ser de mayor?

Lo he traslucido en mis respuestas anteriores, ser feliz junto a otras tantas personas que quieran pensar, sentir y actuar desde un nuevo paradigma por inventar para el progreso como humanos, a escala local y global. Y además envejecer activa, saludable e inclusivamente, porque es una etapa de la vida repleta de nuevas oportunidades. Ahora estoy en un momento de energías para compartir, por eso me estoy oxigenando con quienes hacen realidad los objetivos sociales de la Fundación Atenea, una gran meta por alcanzar. FIN