Sobre la necesidad de incluir una perspectiva de género. Hombres y mujeres ante el consumo

El último estudio de la Fundación Atenea, “Hombres, mujeres y drogodependencias” entra de lleno en la necesidad de identificar la educación que recibimos unos y otras para ofrecer una mejor respuesta y prevención al consumo de drogas problemático.

“Hombres y mujeres somos educados de manera diferente a través de los procesos de socialización, que tienen como principal instrumento los mandatos o mensajes de género (…)”, apunta Raquel Cantos Vicent, investigadora de la Fundación Atenea. “En el ámbito del consumo problemático de drogas, estos mensajes y expectativas sociales se manifiestan en forma de diferencias y especificidades entre unos y otras y tienen un efecto devastador en la vida de las mujeres, en general, y en la de las mujeres drogodependientes, en concreto”, prosigue en el estudio titulado Hombres, mujeres y drogodependencias, explicación social de las diferencias de género en el consumo problemático de drogas (publicado en junio pasado). Según la experta, esa diferenciación limita las libertades de ellas encorsetándolas en roles no elegidos que además suponen una barrera para el ejercicio de una vida sana y equilibrada.

El estudio afirma que la falta de enfoque de género afecta igualmente a los hombres, a quienes limita y estereotipa, incluyéndoles en una lógica de comportamiento que pone en riesgo su salud y su integridad.

Por ello, “resulta importante, casi urgente se diría, incidir sobre estos mandatos de género (tanto los dirigidos a ellas como a ellos)”, señala Cantos. En su trabajo, la investigadora identifica los principales mensajes dirigidos a hombres o a mujeres y las principales diferencias y especificidades en el consumo problemático de drogas. En grandes líneas, las mujeres son cuidadoras, sensibles, frágiles, mediadoras, comunicativas y empáticas. Por el contrario, ellos son fuertes, valientes, duros, competitivos, agresivos y motivados por la acción.

Así, según el informe de la Fundación Atenea, resulta imprescindible trabajar contenidos específicos y procesos terapéuticos diferenciados para hombres y mujeres. “En el caso de las mujeres, es necesario abordar algunos temas como la culpa y la vergüenza por no cuidar, la autoestima dependiente de los otros, la competitividad entre ellas o el uso de del cuerpo o la sexualidad como influyentes en su proceso de inclusión”, recoge el documento. Y en cuanto a los hombres, es básico ahondar en temas como la autoestima dependiente de sus logros, la tendencia a asumir riesgos, el uso de la violencia o la gestión de las emociones en los procesos de rehabilitación.

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