Araceli Martínez, directora del Instituto de la Mujer de Castilla la Mancha:“Los hombres deben renunciar a muchos de los privilegios que les otorga el patriarcado”

Lleva reivindicando los derechos de las mujeres desde que era una niña. Recuerda haberse hecho un collage con los carteles que decían “Voy a ser lo que quiera” y forrar su carpeta de adolescente con ellos. Entonces no sabía que eso era feminismo. Lo descubrió más tarde. Hoy dirige el Instituto de la Mujer de Castilla la Mancha convencida de que hay que acabar con el patriarcado y la desigualdad estructural entre unas y otros. Para ello, toma la batalla de la transversalidad en política.

“Descubrí el feminismo en la facultad. Me percaté entonces de lo denostado que estaba el término y le perdí el miedo. Como dice Empar Pineda “de repente me llegó el feminismo” y me di cuenta de que a todas las mujeres y hombres, cuando nos llega ese feminismo, cuando lo descubrimos y nos ponemos las gafas violeta, nos resulta imposible quitárnoslo.

El problema es que no todo el mundo tiene tan clara la necesaria perspectiva de género.

Sí, es cierto, y aunque el discurso de la igualdad lo asume todo el mundo, desde la práctica resulta muy molesto porque cuestiona un orden establecido. Por eso, a muchas feministas, nos dicen que somos peleonas, gruñonas y antipáticas.

¿Y cómo se aplica la perspectiva de género en una época de recortes?

Depende de a qué nos estemos refiriendo. Puedo hablar de Castilla La Mancha. Y aquí, desde que gobierna Emiliano García-Paje [Psoe] hemos aumentado el presupuesto en igualdad en un 20 por ciento. Pero además, estamos implementando el principio de transversalidad en el todas las consejerías. Estamos creando Unidades de Género para que la perspectiva de género, eso que las feministas contamos que es tan importante y que siempre queda olvidado, llegue a todas partes. Coordinamos esas unidades desde aquí [desde el Instituto de la Mujer], pero incrustadas en cada consejería. De esa forma, conseguimos descargar el trabajo del Instituto y especializar y llevar los temas de género a otros profesionales. Y por último, podemos valorar, desde dentro, las medidas tomadas. Acabamos de empezar, las primeras unidades las creamos el pasado noviembre, tenemos dos (Agricultura, Medioambiente y Desarrollo Rural y Economía y Empleo). Ahora la idea es seguir implementándolas en el resto de las consejerías.

Aparte, el presupuesto de 2017 irá acompañado de un Informe de Impacto de Género para poder evaluar cuál es el efecto de cada una de las medidas.

No quisiera olvidarme del Plan Estratégico para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, que marca los objetivos a conseguir, también transversalmente, para contribuir a eliminar las barreras de género y las diversas discriminaciones que existen contra las mujeres, impulsando con ello un cambio de paradigma social.

¿Es caro plantear medidas como las que comenta?

Más allá de los prejuicios ideológicos, lo que hay que ver es si se pueden distribuir mejor los recursos para llegar a una mejor equidad. Debemos ser conscientes de que las acciones no son neutrales al género y que las medidas hay que evaluarlas por su capacidad para beneficiar o disminuir la desigualdad estructural que venimos sufriendo las mujeres. Y sí, es asumible económicamente; técnicamente corrige desigualdades y, desde un punto de vista político, supone hacer política de género de una forma transversal: llevar esa igualdad de la que tanto hablamos a la realidad.

Los datos hablan. Por poner un ejemplo, en Castilla-La Mancha, en el marco del Plan de Empleo,se han empleado empleado a un 52% de mujeres, y además, un 6% del total son víctimas de la violencia de género.

 Entremos en esa violencia de género. ¿Por qué seguimos desayunando con muertas, por qué las políticas no parecen funcionar para parar tan macabro contador?

La violencia de género es una tragedia inaceptable que expresa la desigualdad entre hombres y mujeres. Por eso hay que evidenciar el machismo y desmontar el patriarcado que lo perpetúa.

Lo primero que hay que hacer es llamar a las cosas por su nombre y aceptar que existe un machismo estructural en nuestras sociedades. Debemos romper con muchas actitudes y estereotipos y los hombres deben renunciar a muchos privilegios con los que cuentan por el mero hecho de nacer hombres. Y para lograrlo, hay que hacer un gran trabajo de concienciación y prevención de la violencia de género.

Pero aparte, debemos señalar también las otras brechas de género que nos hacen más vulnerables. Se dan en el ámbito laboral o en la feminización de la pobreza. No es fácil, porque cuando avanzamos, siempre hay reacciones en contra, pero la conciencia global que hemos tomado las mujeres como ciudadanas es imparable, a pesar de los obstáculos que nos vamos encontrando.

Fundación Atenea señala, por ejemplo, las diferencias de género en el consumo problemático de drogas. ¿Considera que las instituciones los tienen en cuenta a la hora de diseñar políticas públicas?

En ese camino estamos, intentando avanzar en cada consejería, poniendo los asuntos de género en cada decisión que se tome. Resulta esencial atender a esas situaciones de discriminación múltiple que se producen por ser mujeres.

¿Alguna idea que se nos esté quedando en el tintero respecto a igualdad?

Sí, querría también hablar del esfuerzo que estamos haciendo en el tema de trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, cuyo vehículo es la prostitución. No se puede hablar de la una sin la otra. Por eso hemos creado varios programas orientados a los chicos jóvenes y adolescentes. No podemos permitirnos normalizar la situación y no identificar esos puticlubs de carretera con el problema que hay detrás. Aceptar los bares de alterne que vemos tan cercanos, y donde día a día se compra el cuerpo de mujeres, es ser parte de esas mafias. Reflexionamos también con ellos sobre qué modelos de relaciones afectivo- sexuales van interiorizando.

También quisiera nombrar los programas que tenemos para visibilizar los colectivos LGTBI, donde destacaría el protocolo que hemos lanzado para menores trans, atendiendo integralmente aspectos sanitarios, sociales y de educación.

Y por último, subrayar las iniciativas que realizamos por visibilizar a las mujeres ilustres de la región, cuyos nombres en muchos casos han quedado casi olvidados. Le hemos dado a varias iniciativas sus nombres:la Biblioteca y Centro de Documentación “Luisa Sigea”, que cuenta con más de 11.000 recursos dedicado temas referentes a las mujeres y al género. Luisa de Medrano, una mujer renacentista y que según parece la primera catedrática de Europa, da nombre a nuestro Premio Internacional a la Igualdad de Género; la pedagoga, escritora y feminista Leonor Serrano es la nominación de nuestras becas para mujeres víctimas de la violencia de género.

En cuanto a las conmemoraciones internacionales, como el Día de las Mujeres, deseamos que estas sean sensibilizadoras y pedagógicas. No queremos jornadas protocolarias, queremos igualdad. FIN