Fabián Tonda, director gerente de la Fundación Aylen “Para llegar a más gente, buscamos adaptarnos al cambio social”

Prevención, asistencia y capacitación en drogadependencia. Eso es lo que hace la Fundación Aylen, en Argentina, desde 1994. Pertenecen a la Red Iberoamericana de Organizaciones No Gubernamentales que trabajan en Drogas y otras adicciones (RIOD), una organización en la que también está Atenea. Hace apenas unas semanas, en Costa Rica, ambas entidades han firmado un acuerdo para trabajar juntas.

“No importa lo que la historia haga con el hombre sino lo que él haga con su propia historia”, de Sartre, es el eslogan que aparece cuando uno entra en vuestra web. ¿Qué queréis decir con ello?

Esta frase es la que más nos identifica en nuestra metodología e ideología. Ya que el ingreso de una persona en algunos de nuestros programas marca un antes y un después en su vida. 

Un antes, para mirar y hacer un aprendizaje. Un después para desarrollar sus potenciales empoderarse de sus cambios y ser protagonista de sus decisiones. 

20 años trabajando en temas de adicciones, ¿hemos avanzado en la asistencia, prevención y capacitación con respecto a las adicciones? 

Si, hemos avanzado. Institucionalmente hemos desarrollado un interesante aprendizaje. A partir del año 2006 decidimos formar parte de foros de discusión con diversas ideologías. Eso nos permitió un crecimiento, una mirada más amplia de la problemática y un desarrollo de la flexibilidad, que era un desafío permanente de nuestra institución.  

Entramos en el camino del aprendizaje permanente siendo nosotros los que buscamos adaptarnos al cambio social para poder llegar a la mayor cantidad de personas que requieran de nuestra ayuda.  

¿La sociedad ha aprendido y tomado consecuencias del problema de las adicciones? 

Es una pregunta muy amplia. En este momento Argentina atraviesa el mayor período de consumo de Sustancias de la historia, según lo declarado por el Secretario de Estado, Roberto Moro. 

En los últimos años se ha ampliado la tolerancia a los consumos de sustancias y no se ha podido instalar ninguna política pública preventiva que acompañe este movimiento social y que sea sostenida en el tiempo. 

Hace mucho tiempo que se viene llegando tarde y trabajando exclusivamente sobre las consecuencias del consumo de sustancias.

Paradójicamente Argentina se encuentra con un Decreto de Emergencia Nacional en Drogas y con una Ley de Salud Mental vigente que no permite la habilitación de nuevos centros de abordaje de las adicciones. El Gobierno desconoce el trabajo realizado por las organizaciones de la sociedad civil y ha puesto el año 2020 como cierre de los espacios de Comunidades Terapéuticas que por dicha Ley son considerados monovalentes y lugares de encierro, sin tener en cuenta que son en su mayoría los que vienen realizando un abordaje integral multimodal y biopsicosocial. Parece que estuviéramos en dos países diferentes.  

Aparte, la Ley de Salud Mental trata el problema de las adicciones como un problema exclusivo de Salud Mental. Y eso genera en muchos casos la psiquiatrización innecesaria de las personas con problemas de consumo. Cuesta instalar el modelo de abordaje biopsicosocial que sería el indicado para este tipo de problemáticas.  

¿Cómo interviene la salud pública en Argentina un problema como las adicciones?

Se está intentando llevar adelante un modelo ligado a la salud pública con una fuerte inclusión de la estrategia de la reducción de daño. Se ha tomado el modelo de intervención comunitaria, que sin duda no da resultado como única medida. Nos falta trabajar en la integración del Estado y la sociedad civil para construir una red que de respuesta desde la mirada de Salud Pública respetando los derechos de las personas.  

¿Cómo es la cooperación entre actores como el Aylen y la Administración pública?

Aylén se ve limitada como organización de la sociedad civil a ser un  brazo ejecutor asistencial del Estado: resulta muy difícil incidir en la construcción de políticas públicas como ONG. El Estado se arroga prácticamente el lugar de decisión de la política pública a futuro. No obstante, seguimos insistiendo desde todas las redes que formamos parte para ser escuchados y tenidos en cuenta. Entre ellas, RIOD, WFTC, FLACT,FONGA.     

En Fundación Atenea, hablan de incorporar la perspectiva de género como una mirada fundamental para abordar la problemática. ¿Coincide con esa necesidad? 

Necesitamos instalar una mirada fuerte sobre el abordaje de género. Cada vez son más las consultas de mujeres atravesadas por violencia y consumo, y escasas herramientas las que tenemos para intervenir.

 Vayamos al último encuentro de RIOD. ¿Qué se aprende de un foro como ese?

Desde hace mucho tiempo sostengo que la riqueza más grande la RIOD  es la diversidad de miradas y abordajes sobre la problemática que tenemos las Instituciones que formamos parte de ella. Es un aporte fundamental a la flexibilidad, al respeto de los derechos que toda persona necesita para superar un momento de quiebre en su vida personal. Nos nutre de una mirada política regional y territorial, si bien todavía no podemos terminar de incidir políticamente como nos gustaría. Es un camino de construcción que estamos transitando cada día con más fuerza y claridad. 

 ¿Qué se pretende con el acuerdo alcanzado entre vosotros y Atenea, por ejemplo?

Nosotros consideramos que la institución tiene vida propia cuando se logra interactuar con otras organizaciones que aborden la problemática de drogas. Nos retroalimentamos las experiencias de unos y otros, generamos proyectos y programas en común y, sobre todas las cosas, nos instalamos en una situación de pensamiento critico y aprendizaje permanente. 

 

 

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