Domingo Comas, presidente de la Fundación Atenea “La idea es regular para proteger”

Cannabis, de los márgenes a la normalidad. Hacia un nuevo modelo de regulación, es el título del libro firmado por el Grupo de Estudios de Políticas sobre Cannabis (GEPCA). El volumen –editado por Balleterra- analiza los costes negativos que desde el punto de vista de la salud, seguridad, derechos humanos y cohesión social provoca el actual estatus legal del cannabis. En sus páginas se propone un nuevo modelo de regulación que atienda tanto a los derechos de los consumidores como a la protección frente a la pura lógica del mercado, sobretodo respecto a los sectores más débiles de la sociedad.

Domingo Comas, presidente de la Fundación Atenea, es parte de GEPCA y uno de los autores que aparecen en el libro, junto a Federico Mayor Zaragoza, que lo prologa.

 ¿Por qué estamos tan lejos de entender lo que propone el libro, un modelo de regulación del cannabis que busque pasar del modelo de seguridad al de salud y bienestar?

No creo que estemos lejos de entenderlo. De entrada, ya hay una clara mayoría de ciudadanos favorables a que se regularice el cannabis (54% según los últimos datos), y de hecho la mayor parte de entidades del tercer sector y varias de las sociedades científicas relacionadas con el tema drogas lo apoyan. Como consecuencia, diría que una mayoría de profesionales, también. Se puede pensar que estamos lejos de entender esta opción porque desde el ámbito institucional así se afirma, pero no es cierto.

¿Alguno de los partidos políticos con representación parlamentaria entienden sus argumentos?

En este momento estamos en una fase de avances. Hay ya toda una base de acuerdos, por ejemplo, una propuesta similar ha sido aprobada por unanimidad por el Parlamento Vasco. Existe también un acuerdo muy mayoritario del Parlamento Catalán y se están preparando propuestas en municipios y otros parlamentos que seguramente prosperarán. En el Parlamento nacional la red de diputados/as favorables es bastante amplia. Falta la decisión formal de las Ejecutivas de los partidos nacionales, pero, con alguna excepción, se puede pensar que varios de ellos lo asuman antes de fin de año.

 

El libro sale vía crowdfunding. ¿No había espacio para él en las editoriales tradicionales?

El crowdfunding no ha sido utilizado para el libro sino para la constitución del GEPTA (Grupo de Estudio de Políticas sobre Cannabis). Han sido dos años muy intensos de viajes, reuniones, preparación de informes y otras actividades que han requerido bastante financiación, sin la cual no habría sido posible llegar a la propuesta de regulación. El libro lo ha editado “Ediciones Bellaterra” que es una editorial de prestigio (ha existido incluso una cierta competencia) sin ningún coste, en apenas mes y medio y además con un cuidado excepcional. Seguramente porque va a ser un libro de impacto.

Señaláis la necesidad de proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad y de su uso adictivo del cannabis. Con vuestra propuesta, ¿mejora su situación?

Sin duda alguna. La idea es regular para proteger, algo que la actual política (o no-política) no está haciendo y aun conociendo cuales son las consecuencias negativas para los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Y no lo quiere hacer por razones ideológicas. Creo que el texto evidencia muy bien esta paradoja.

Los diversos autores de Gepca que firman el volumen hablan de usos indebidos en la prevención. ¿Qué significa eso? ¿Y cómo serían unos usos correctos de esa prevención?

En ámbitos jurídicos se utiliza el término prevención, como sinónimo de prohibición y restricción. En ámbitos políticos también se utiliza una terminología similar. Lógicamente la regulación se opone a la mera prohibición y por tanto a esta “prevención indebida”, ¿Cuáles son los usos correctos? Pues los educativos y sociales, los habituales en el ámbito de intervención en drogodependencias. A partir de esta propuesta será necesario corregir, y mucho, el lenguaje.

También hablan de tratar a los adictos como usuarios legítimos y solo como pacientes, cuando sea necesario. ¿Qué hace falta cambiar para que se dé ese tratamiento?

No hay que cambiar nada, porque esto es ya lo que se hace en los centros asistenciales, sólo que dejaran de recibir, a partir de la regulación, casos de “sustitución de multas”, que no son precisamente una buena opción asistencial, aunque es cierto que suelen ser utilizados como formas de “atención precoz”, pero esto hay otras maneras más eficaces de hacerlo sin pasar por la multa.

En las páginas que firmas, “Nuevas políticas de control”, queda claro la distinta entre la realidad y los estudios formales. ¿Por qué?

Pues porque la mayor parte de supuestos estudios científicos no son otra cosa que falsificaciones, cuya metodología intencional trata de justificar posiciones ideológicas previas.

Hablas de estar lejos de un punto de equilibrio y de unas consecuencias nefastas de las consecuencias imprevistas, que crean más riesgos del que tratan evitar. ¿A qué te refieres?

En la página 227 aparece la curva de Marks que lo explica de forma muy visual. La idea de las consecuencias imprevistas e inesperadas que siguen a cualquier acción social, es un viejo concepto de la sociología que se olvida con demasiada frecuencia. Todo lo que hagamos produce tanto las consecuencias que esperábamos y que se supone hemos planificado, pero también otras que no nos esperábamos y que además suelen ser negativas. La forma de evitarlo consiste en seguir proponiendo cambios (que producirán, sin duda, otras consecuencias negativas). La vida social es así. Pero lo que es estúpido es pasarse más de medio siglo (el tiempo que tienen las actuales políticas sobre cannabis), sin cambiar nada al tiempo que se intenta ignorar lo que pasa. El equilibrio se logra solo a través de una acción (y una evaluación) continua, no creando dogmas intocables.

 

 

 

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