Arte para empoderar a las mujeres

Mostrar la diversidad de algunos de los grandes artistas del Museo Thyssen e incidir en que la belleza está en los ojos de quien la contempla era el objetivo del último Apoyarte, de Atenea, dirigido a las mujeres que participan en el programa.

Tras un desayuno temprano, el grupo salió a una de las principales pinacotecas de Madrid para entender qué es la “diversidad en el arte”, dirigidas por un especialista que desveló los secretos de una decena de obras a la veintena de mujeres participantes. Se trataba de “enseñar a mirar”, empoderar a las mujeres y motivar e incentivar el interés por el arte y la capacidad creativa.

La visita arrancó en el vestíbulo del museo con El beso del ángel, del escultor Auguste Rodin. Alberto Gamoneda, Arteterapéuta y guía del área educativa de la pinacoteca, empezó jugando y pidiendo a las participantes que contemplaran y descubriesen la ambigüedad. ¿”Es un ángel, una pareja hetero, dos mujeres?, ¿qué es más importante: lo que se ve o lo que se siente?”, se escuchaba. Se trataba de hacer pensar, de disfrutar de la belleza y descubrir la mirada del otro y profundizar en la ambigüedad. Con ese aperitivo, se pasó al amor: Venus y Cupido, de Rubens fue la siguiente parada. Y de nuevo, las reflexiones entre ellas. “¿Qué es el amor?, ¿es algo sensorial, emocional, racional…?”. Y de ahí, a uno de los asuntos que más gustaron: el cuadro como espejo de uno. O dicho de otra forma, la belleza está en quien la contempla y por lo tanto, es diversa.

Un hombre, un cocinero esclavo, un chef de lujo, el de el entonces presidente de Estados Unidos, George Washington, fue la excusa para sacar a debate temas como las diferencias raciales, la dignidad, el orgullo profesional que el muestra el retratado y las libertades ayer y hoy. De libertades y de la lucha por los derechos de las minorías y de todas y todos hablaba el siguiente cuadro: Luna sobre Alabama, de Richard Lidner: una absoluta explosión de color, unos volúmenes rompedores que forman a una extraña y empoderada pareja que no se sabe si viene o va… Más preguntas sobre las participantes, más incógnitas, más esencia de lo que un museo, un espacio para “ver, mirar y contemplarse a uno mismo”, explicaba el guía. Cerró el paseo Amor diverso, del británico David Hockney, un elogio al amor gay desde el juego, el humor y distintas técnicas sobre el lienzo.

La última etapa de la mañana se cerró en los bajos del museo, donde las mujeres participantes jugaron a ser artistas. Partían de un mapa. En él, cada una debía marcar su pasado, presente y futuro: sin pautas, sin miedo y con el estímulo de lo visto en la mañana: que todo vale, que todas somos artistas con un código de barras, el propio. Salieron tantos mapas como mujeres y tantas opiniones de la actividad como las que apuntamos a continuación, a modo de collage:

“Venir aquí es reforzar que cada persona aprecia una cosa diferente”, (Teresa); “Te quedas con ganas de más. No se puede ver toda la diversidad en una sesión. Lo bueno, volveremos”, (Margarita); “Lo mejor: ver el arte en compañía. Se ven más cosas”, (María del Mar); “En grupo, una visita es más bonita porque hay diversidad” (Kaline); “Lo interesante no es ver, sino saber mirar”, (María Jesús); “El arte abre la mente”, Esther; “Es una delicia pararse a mirar. Y eso es lo que hemos hecho hoy”, (Celia); “Hoy he aprendido a ver más. Y un ejemplo ha sido lo que hemos visto sobre el amor, la historia de Cupido, las musas…”, (Laura); “Lo que más me ha gustado ha sido el taller, atreverme a pintar”, (María Flor Delia); “Descubrir que cada persona ve algo diferente resulta fascinante”, (Felicia); “He aprendido a ponerme en los pies del otro, en intentar pensar como el artista”, (Jeannete); “Descubrir que el arte guiado es mucho más entretenido. Se ve más”, (Marisa).