El voluntariado como una técnica para abrir los ojos

Laura López Muñoz, trabajadora social, dedica dos días a la semana a un taller para personas sin hogar y en riesgo de exclusión. Enseña desde Historia del Arte hasta primeros auxilios. Lo hace como voluntaria para la Fundación Atenea en Castilla la Mancha.

Tiene 24 años y un día se acercó a la sede de la Fundación Atenea en Albacete para ver cómo podía ayudar. Tras pasarse una semana en contacto con sus profesionales del programa Menos riesgos, más salud, comenzó a colaborar. Desde entonces, todos los martes y jueves Laura López Muñoz idea y responde a las necesidades de sus talleristas. “Les enseño habilidades básicas o simplemente les escucho e intento responder a sus peticiones. Porque están deseando aprender”, comenta.

Cada sesión consta de dos horas. La primera suele hacerla más teórica (en la última clase han mantenido una charla sobre drogas, la que pidieron sus alumnos), y la segunda, más lúdica: resuelven haikus, juegan al dominó, a la petanca… En gran parte, explica la trabajadora social, depende de lo que pidan. “Es como un día, hablando de caligrafía escribí la frase: ‘Pablo Picasso pintó el Guernica’. No sabían ni quién era el pintor ni qué era el cuadro. Ellos mismos quisieron que organizara una clase sobre pintores españoles”, explica recordando lo mucho que disfrutaron descubriendo a Goya, Velázquez, Dalí y Picasso.

López Muñoz también es voluntaria en Cáritas, donde colabora en un comedor. “Ni yo era consciente de los problemas que hay. El voluntariado te abre los ojos. Porque no somos conscientes de que estas personas pueden tener un problema de adicción, pero siempre, tras eso, hay que indagar el por qué de esa circunstancia”, reflexiona. Por eso, está convencida de la labor que hacen las entidades del Tercer Sector para acercar a quiénes se encuentran lejos del sistema, explica. En cuanto a poder trabajar como fija en Fundación Atenea, no lo duda: “Claro, firmaría mañana, si se da la oportunidad”, apunta entre risas.