“Una sociedad no puede tener éxito con barrios fracasados” Mar González, Comisionada Polígono Sur

Con unos datos altísimos de vulnerabilidad en cuanto a drogas, absentismo laboral, seguridad y desempleo, Mar González, Comisionada de Polígono Sur, un barrio sevillano donde viven 40.000 personas, trabaja por sacar a su población de una marginación histórica. Su misión: articular salidas dignas para una población estigmatizada e invisible que arrastra grandes problemas y para hacerlo debe poner de acuerdo a la Administración local, la Junta, los vecinos y el Tercer sector.

¿Cuáles son los grandes retos de su trabajo?

Yo diría que tengo dos grandes desafíos: mejorar la convivencia y el hábitat de Polígono Sur para sus habitantes y trabajar por su inclusión.

Pero dentro de todo eso hay también que avanzar en la lucha contra la impunidad, ya que durante décadas, en este barrio se han dado comportamientos contrarios al Código penal. Y eso hay que hacerlo buscando nuevas formas de convivencia, que deben abordarse desde la educación. Hay también que trabajar para seguir recuperando los espacios públicos y dignificar la vivienda.

Creo que hay que tener claro que no hay sociedades exitosas con barrios fracasados. Y sobre esto deberíamos aprender de lo que pasa en Europa, si no se progresa, estos lugares son caldo de cultivo de todo tipo de violencias.

El Comisionado lleva años en funcionamiento, pero los retos siguen viéndose gigantescos. ¿Se avanza?

Menos de lo que quisiéramos, pero se avanza. Antes de que existiese el Comisionado, Polígono Sur era un barrio sin oficina de Correos, donde no circulaban los autobuses, no había policía local y la nacional solo entraba en furgonetas. Hablo de un lugar sin servicios en el que poco a poco la situación va normalizándose. Se ha invertido en limpieza, como en el resto de los distritos de Sevilla, o incluso más, porque era necesario; ahora hay centros de salud, espacios para personas sin hogar, centros de día, una factoría cultural, centros deportivos y para la búsqueda de empleo…

Pero falta…

Sí. Un montón de cosas. Se han rehabilitado casi cien edificios, pero queda muchísimo. Y luego hay otros aspectos en los que cuesta más avanzar, porque las transformaciones son más complejas que levantar una instalación. Hablo, por ejemplo, de mejorar el absentismo escolar, que es del 14,4% (9,6% en Primaria y 22,2% en Secundaria), una cifra escandalosa y que me duele. Debemos acabar con esas cifras y ligar el éxito escolar con el empleo. No hay otra forma de salir de la marginalidad. Aquí, la crisis la pagan los más vulnerables. 

El Comisionado intermedia entre la Junta, el Ayuntamiento de Sevilla, los vecinos y el Tercer Sector. ¿Cómo se convive y manda entre partidos de diferente color político?

Con cintura y mano izquierda. Porque ante todos esos desafíos, si levanto la voz, mal; pero si no lo hago, también. La mía no es una figura de poder, sino de autoridad y eso se reconoce si hay coherencia entre lo que decimos y hacemos, buscamos el consenso, la vinculación con la ciudadanía y servicios para la población para la que trabajamos.

Ese discurso político de mano izquierda, escucha a la ciudadanía, consenso suena a feminizar la política. 

Sí, claro, en lo que hacemos hay una mirada de género para poder hablar de igualdad. Además, nos enfrentamos a una cultura donde los roles de género están muy tradicionalizados y eso se nota en unos matrimonios tempranos que impiden el desarrollo personal de unas niñas-madres que cargan con cuatro criaturas con apenas 20 años. No podemos dejar de trabajar ni un solo día por la igualdad real, ni por quitarnos la violencia de género, la manifestación más terrible del machismo. Y esos programas de género deben ser transversales, tocando el empleo, la educación, la cultura, las oportunidades de ocio y creando espacios específicos para las mujeres.

Hablaba de luchar contra la impunidad, pero no se ha logrado todavía la comisaria en el barrio. ¿Qué más pueden hacer?

Nos queda la denuncia pública y llamar al orden para lograrla. Y para ello apelamos a la capacidad de intermediación y negociación de los actores que todavía llegan a acuerdos. Lo que sí destacaría es que de ese no logro se ha conseguido algo: el barrio se ha unido para reinvidicar algo que es de derecho, que afecta a su seguridad y su convivencia democrática. Han conseguido romper las fronteras psicológicas de la exclusión.

¿Cómo es vuestra colaboración con la Fundación Atenea?

Atenea lleva muchos años en el barrio haciéndolo muy  bien. Aquí debemos aportar todos: administraciones, ONGs, sector privado y ciudadanos. Y las fundaciones como Atenea tienen algo buenísimo, que es la cercanía y la confianza de la población a la que debemos atender. Conocen la calle y eso funciona perfectamente para acompañar a esas gentes a centros de salud, en el caso de drogas; de empleo o de violencia de género. FIN

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