III Jornada Género y Drogas. Consumo de sustancias en contextos de prostitución

Fundación Atenea organizará las III Jornadas sobre Género y Drogas: Consumo de sustancias en contextos de prostitución. (Toda la información relativa a las jornadas se encuentra en http://mujerydrogas.fundacionatenea.org/)

Madrid 22 de Marzo de 2018 (Programa) 
Delegación del Gobierno para el PNsD

Albacete 18 de Mayo de 2018 (Programa)  Aforo completo

Sevilla 22 de Mayo de 2018  (Programa)     (Inscripción)
Caixa Forum Sevilla. Camino de los Descubrimientos S/N.

Mérida 30 de Mayo de 2018 (Programa)    (Inscripción)

 

De la mano de un elenco de expertas y profesionales, se abordarán las claves del fenómeno de la prostitución en las sociedades neoliberales. Contaremos con la participación de Ana de Miguel, Beatriz Ranea, Towanda Rebels, Isabel De Ocampo y Aura Roig. Además Yolanda Nieves, consultora del departamento de Investigación, Innovación y Desarrollo de la Fundación Atenea presentará el estudio  “Análisis de los discursos de drogas en los foros on line de prostitución” realizado por la Fundación Atenea con la financiación del  Plan Nacional sobre Drogas y una Guía de Buenas Prácticas para consumidoras de drogas en contextos de prostitución surgida del trabajo de intervención de la organización.

Se plantea por tanto en esta jornada arrojar luz sobre el diálogo entre prostitución y consumo de drogas y dirimir quién es quién en estos contextos.

La prostitución es una escuela de desigualdad humana, plantea Ana de Miguel en su libro. Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección.

De Miguel propone dejar de subrayar el consentimiento de las mujeres para centrar la mirada en el prostituidor, en el “cliente”.

“La institución de la prostitución se basa en que el hombre da por hecho que su deseo sexual debe satisfacerse y que el sistema ve normal que así sea” A. de Miguel.

La regulación de la prostitución como un trabajo más, tiene sin duda efectos además de en el imaginario colectivo, en la percepción de las relaciones de los varones con las mujeres y su socialización en los valores de igualdad y de reciprocidad sexual.

Sorprende que en sociedades formalmente igualitarias, la prostitución de mujeres esté aumentando. Después de estos años de políticas de igualdad y programas de educación sexual se esperaba que la prostitución desapareciera o que fuese algo marginal y residual.

Es cierto que las mujeres españolas en general ya no se dedican a la prostitución, pero a la vez miles de mujeres procedentes de otros países han llegado a España porque la demanda por parte de los hombres existe y es cada vez mayor. Los países de origen son aquellos con mayores índices de desigualdad y estas mujeres son pobres y sin oportunidades.

El debate durante estos años se ha centrado por un lado en la libre elección y en el consentimiento de las mujeres. La regulación como manera de dar derechos a estas mujeres. Y por otro en la situación de desigualdad de etnia, origen, clase y género de estas mujeres que “consienten” y en los motivos que están detrás de la prostitución.

Argumentos como que regular la prostitución acabará con las mafias dedicadas al tráfico de mujeres, que las condiciones de estas mujeres mejorarán al legalizar esta industria son algunos que apoyan la regulación.

La causa abolicionista se sustenta en cuestiones estructurales, en pensar qué mundo queremos construir. Si queremos una sociedad en la que los cuerpos de las mujeres estén a disposición de ser comprados por los hombres –porque las personas que ejercen la prostitución son fundamentalmente mujeres y los clientes hombres- como una mercancía más.

La ideología neoliberal y patriarcal no apoya precisamente la razón abolicionista. Las implicaciones para las relaciones de dominación y sometimiento se invisibilizan. Esta es la realidad.

Lo habitual es que los varones desaparezcan del debate, cuando el fenómeno existe porque hay hombres que compran los cuerpos de las mujeres y lo ven normal.

Un hombre que compra el cuerpo de una mujer, que disfruta del sexo con una mujer que no le desea y se encuentra en condiciones de vulnerabilidad y pobreza, ¿puede ver a las mujeres como iguales?, ¿puede establecer en otros contextos relaciones igualitarias? Por muchas justificaciones que puedan darnos, la respuesta está bastante clara. NO.

Beatriz Gimeno en su libro La Prostitución, escribe sobre la necesidad de definir una ética sexual que incluya las relaciones sexuales entre mujeres y hombres.

“Muchas de las que estamos en contra de la prostitución lo hacemos en nombre de una ética humanizadora y feminista” B. Gimeno.

Gimeno defiende que las relaciones sociales y sexuales serán mejores si las dos partes se hacen responsables del bienestar de la otra parte, que tiene que existir cuidado y empatía, aunque no exista afecto ni conocimiento previo. Se debe educar a los individuos de forma que nadie se muestre indiferente frente al malestar de los/as otros/as.

La sexualidad masculina se ha construido como instrumental. La capacidad de separar sexo no ya de afecto, sino de cualquier empatía, de separar el placer de cualquier tipo de responsabilidad ética, sin duda tiene consecuencias en los comportamientos masculinos y no sólo en el comportamiento sexual. Es esa sexualidad considerada irreprimible la que hay que satisfacer como derecho que tienen los hombres. Como si respondiera a cuestiones biológicas en lugar de culturales.

Abordar el fenómeno de la prostitución no es nada fácil y se necesita superar varios obstáculos para enfrentar su naturaleza ilegal y parcialmente oculta. El consumo de drogas en las mujeres que la ejercen es un tema que pocas veces se ha explorado aunque se da por hecho que existe una relación entre éste y la prostitución. Este consumo, sin embargo, es un problema social y de salud que afecta a las mujeres involucradas de manera directa.

Habitualmente ambos fenómenos se han abordado de manera independiente pese a que hoy en día han aumentado las sustancias disponibles ligadas al sexo.

Los escasos estudios demuestran que el consumo de sustancias se traduce en una mayor actividad sexual, mayores posibilidades de contraer enfermedades de transmisión sexual, de embarazos no deseados y mayor violencia sexual.

El propio sexo puede ser una manera de obtener drogas.

Carmen Meneses, en su estudio, Uso y abuso de drogas en contextos de prostitución, examina los riesgos asociado al consumo de drogas en distintos entornos de prostitución –calle, clubs, saunas, apartamentos- a partir de los datos obtenidos mediante una encuesta a 260 mujeres que ejercían la prostitución y 8 grupos de discusión en 6 provincias españolas. El consumo de alcohol, tabaco y cocaína fueron las drogas más usadas, con un patrón de consumo instrumental –excepto el tabaco-, para facilitar la realización de los servicios sexuales.

Las probabilidades de consumo de alcohol y cocaína se incrementaban cuando el cliente lo demanda, y presentaban “ciertos beneficios” para las mujeres, como incrementar sus ingresos económicos y poder efectuar un mayor número de servicios.

A su vez, estos consumos podían tener consecuencias negativas, como la pérdida de control en la negociación, en las relaciones sexuales y en el aumento de la dependencia y uso problemático de las sustancias.

Violencia y desprotección en las relaciones sexuales se presentan como los mayores riesgos. Las estrategias usadas por las mujeres para evitar consumos de alcohol y otras drogas también aparecen en la investigación.

 

Nota: El tráfico de drogas, el contrabando de tabaco, el juego ilegal y la prostitución se contabilizan e incorporan al PIB nacional desde septiembre de 2014 para adaptarse a las normas de los Sistemas Estadísticos Europeos (SERC 2010) .



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